DE ZOQUETES Y CHAPUZAS

 

 

Ya saben Vds. que se están celebrando oposiciones para ser profesor de Instituto. Poco a poco, estos días van saliendo las notas del primer examen, en el que los aspirantes debían defender un tema por escrito, y al ver algunas de ellas se me hace evidente la reflexión que a continuación comparto.

Pongamos por ejemplo la especialidad de Lengua en castellano. Hay ciento cuarenta y pico aspirantes distribuidos en dos tribunales. Los que se apellidan de Pr en adelante y hasta El pertenecen al primer tribunal y el resto al segundo. Este último juzga a 68 personas y sus resultados son como sigue: seis aspirantes han sacado una nota por encima del cinco y sesenta y dos por debajo. Los ceros y ceros coma se cuentan por decenas, así como los unos; vamos, que la nota media, que no he hecho, rondará el 2,5 si llega. El otro tribunal tiene, no sé si sorprendentemente, casi veinte notas por encima del cinco, y más cuatros y treses que el anterior, aunque dudo de que la nota media llegue a 4,5.

Conclusión: los profesores de Lengua de los Institutos son, en general, unos zoquetes. ¿Qué si no? Por lo tanto, la mayoría de los profesores que el año que viene le van a dar clases a su hijo, si Vd. los lleva a un Instituto público, no han sacado un cinco en sus exámenes de acceso, y muchos de ellos van a aprobar las oposiciones, sumando todos los conceptos, con una nota final inferior a cinco. Porque no sé si saben que en estas oposiciones no hay nota mínima sino que las aprueban quienes tengan la nota más alta, que puede ser un dos, hasta que se acaben las plazas, o al menos eso entiendo yo leyendo la normativa.

Segunda conclusión: la naturaleza ha dotado mejor para la lingüística a los Segura, Romero o Zubiría que a los vulgares García, Pérez o Martínez. Se trata, por lo visto, de una selección genética o heráldica que se transmite preferentemente por línea paterna y que acaba de ser descubierta por la madre Estadística. ¡Qué le vamos a hacer!

Bueno, se me ocurre que algo podríamos hacer: así como existe en nuestro país una discriminación positiva por ser mujer en determinados ámbitos, o por ser negro en Estados Unidos, no estaría mal reservar alguna plaza más para los zoquetes al cuadrado que tienen la desgracia de llamarse Goñi, con perdón. Ellos no tienen la culpa.

Pero eso no está contemplado por desgracia en estas oposiciones, como tampoco que se distribuyan las plazas al cincuenta por ciento entre varios tribunales ni, a la vista de los datos, que los tribunales comparen y equilibren criterios y notas antes de publicarlas. ¿No se previó que podía pasar algo así? A eso se llama, entonces, chapuza de normativa y chapuza de los que la están aplicando, y la causa podría ser que su redactor y los susodichos sean otros zoquetes, pongamos que de la K o la N.

Ante esta situación, está claro que en mi condición de funcionario público no se me pasa por la cabeza recomendarle a Vd. que lleve a sus hijos a un colegio concertado, pero si finalmente decide hacerlo, no crea que su problema se ha solucionado. Como nunca sabrá qué nota obtendría la profesora de su hijo en un examen, pues no se le exige para contratarla, cúrese en salud averiguando, antes de hacer la solicitud, cómo se apellida la señora en cuestión. Desconfíe de los Fernández y los López y échese en los brazos de los Yécora y los Zúñiga. Son menos zoquetes y, a más a más, su apellido es como más de aquí.

No sé si lo que les cuento tiene remedio, pero me da que muchos se van a quedar injustamente con la vitola de zoquetes por culpa de los chapuzas. ¿O se dice coquetes y chapucas? Ya me perdonarán, pero es que yo soy de la G.

Óscar Gilarrondo

Profesor de Secundaria y delegado de APS